Jaime Martínez Ochoa

Ha empezado a cobrar fuerza el movimiento de organizaciones feministas que lanzó una iniciativa para que los hombres que deban pensiones alimenticias y tengan historial de amenazas y agresiones en contra de mujeres no puedan ser candidatos. 

La llamada propuesta “3 de 3 contra la violencia de género”, busca que los aspirantes a una candidatura firmen un documento en el que manifiesten que no están condenados o sancionados por violencia familiar, delitos sexuales, ser deudor alimentario o haber cometido violencia digital. 

Se trata, a decir de las promotoras de la iniciativa, de proteger los derechos de las mujeres y fomentar su participación en los procesos electorales. Se considera que el marco jurídico que establece la paridad en las candidaturas no ha sido suficiente para lograr una igualdad plena, que contemple la perspectiva de género como política pública. 

Por ello, lo que se pretende es que las mujeres refuercen su participación electoral, a la vez que visibilicen la problemática de la violencia, pues es evidente que una cosa no va con la otra, ya que el hecho de que las mujeres puedan ejercer cargos de representación popular no significa el fin de la discriminación.

Esta iniciativa surge en un momento clave en el país, en el que, por diversos factores, el tema de las mujeres ha ganado protagonismo: por un lado, hay una mayor presencia femenina en todos los espectros de la vida mexicana; por el otro, se advierte una creciente ola de violencia de género que se concentra en asesinatos y desapariciones; al tiempo, también se ha incrementado el activismo de diversas agrupaciones, en algunos casos incluso con rasgos de violencia que han sido aprovechados por diferentes sectores para desprestigiar el movimiento.

Lo anterior, sin contar con el menosprecio que desde las ruedas de prensa mañaneras se ha expresado hacia la lucha feminista, que ha sido interpretada como un acto de desafío al poder presidencial, antes que como una reivindicación de sus derechos. Para no hablar del acendrado machismo que sigue prevaleciendo en la mayoría de los órdenes de la política mexicana, donde los espacios a las mujeres se dan por obligación legal y no en un afán de buscar la equidad.

¿Llegó la hora de las mujeres? Es posible que todavía tenga que pasar mucho tiempo para que las mujeres tengan derechos políticos en igualdad de condiciones con los hombres y que esto se traduzca en una vida en la que no haya violencia de género, pero es indudable que este movimiento poco a poco ha ido cobrando fuerza, situándose hoy en día como un tema de debate ineludible, que ya no se puede minimizar.

Lo cierto es que mucho ganará este país cuando la mitad de sus integrantes ejerzan cargos públicos en plenitud y puedan tomar decisiones importantes sobre la vida pública. En principio, se modificaría sustancialmente la visión que se tiene sobre los asuntos medulares y de la orientación que se le debe dar a los problemas más apremiantes, tales como el combate a la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidades. 

La creación de un país más justo, más honesto, más tolerante, más equitativo, sólo se logrará cuando en su construcción participen los hombres y las mujeres en igualdad de condiciones. Un primer inicio podría ser la aprobación de la iniciativa “3 de 3 contra la violencia de género”.

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