En los últimos días en nuestro estado de Michoacán ha surgido una polémica entorno al tema, debido al traje estilizado que realizó el diseñador Charlie Zambrano para Miss Michoacán en el certamen nacional Miss México, mismo que ha sido tanto blanco de críticas como de halagos.

Dicho diseño consiste en una base de manta, con materiales y detalles que plasman la cultura y tradiciones de nuestra entidad, cuenta con un sarape, una máscara de la tradicional danza de los viejitos y lo más original es que no es el típico vestido, sino algo parecido a un palazzo.

Por lo mismo, y al no ser tan tradicional como en muchas otras ocasiones se han visto, varias personas comenzaron a opinar al respecto, dónde aseguraron que “de traje típico no tiene nada”, sin embargo, se nos olvida que un traje típico no es lo mismo que uno estilizado.

Y es que precisamente la estilización es el arte de hacer representaciones visuales, es decir, que no es obligatorio que quede idéntico a lo tradicional, sino que da más libertad de brindarle un toque propio y original, por lo que el artista, en este caso diseñador, puede arriesgarse, tal y como lo hizo Charlie.

En lo personal, considero que el traje típico de Miss Michoacán 2020 es un claro ejemplo de cómo se puede puede salir un poco de lo tradicional sin perder el toque que lo hace ser representativo de una cultura o una región.

Sin embargo, creo que como michoacanos nos hace falta un poco más de empatía con el trabajo que realizan nuestros paisanos, y es que en muchas ocasiones en lugar de apoyarnos, nos terminamos atacando.

“Nadie es profeta en su tierra”, esta frase la he escuchado muchísimas veces y creo hay mucha razón dentro de ella, ya que a veces mientras nuestra gente cercana nos afecta, miles de desconocidos allá afuera están esperando vernos brillar para aplaudir.

Y claro, con esto no me refiero que absolutamente todo lo de nuestros paisanos debe gustarnos obligatoriamente, pues las críticas y opiniones son bienvenidas mientras se lleven a cabo en un ambiente de respeto.

Son tiempos de apoyarnos entre nosotros mismos y echarnos porras unos a los otros. Quizá algunos apenas emprendan su camino al éxito, mientras que otros ya se encuentran por llegar a la cima, pero nadie llega a la tierra prometida sin antes haber pasado por el desierto.