RED 113 MICHOACÁN/Redacción 

ANGAHUAN (Uruapan), Mich.-  A más de 3 mil metros de altura, los cerros Arákata y Patzákata, mantienen cuatro especies de árboles nativos; son más de 500 hectáreas, donde se pretende sea un área de conservación, con un banco de germoplasma de las especies nativas, zona ecoturística y senderismo.

Para llegar a la cima, hubo que recorrer varios kilómetros de brecha lodosa, escabrosa, de cuestarriba y pasar varios falsetes; a más de 3 mil metros de altura, el cambio del clima y de la vegetación era evidente; especies de pino, cedro, encino y pinabete u oyamel, nativas de esta región, árboles de gran altura uy algunos con más de 140 años de edad.

La comitiva fue encabezada por Ricardo Luna García, secretario de Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Territorial (Semaccdet), así como Cosme Damián Bravo Bravo; J. Guadalupe García Rita y Feliciano Soto Toral, representante, secretario y tesorero, de Bienes Comunales, respectivamente.

Enormes pinos de las especies psudostrobus, Moctezuma y Michoacana, se confunden entre los pinabetes; muchos de ellos destrozados por los rayos, y muchos otros derribados por el viento y lluvia, que en el suelo se convierten en composta.

Es impresionante la variedad de hongos en el suelo y en algunos árboles, de diversos tamaños, colores y texturas, algunos comestibles y otros no. Pero, si subir a la cima de la montaña fue una odisea, el descenso fue todo un reto, cada uno de los integrantes de la comitiva sufrió al menos tres caídas tras resbalar o trompicar en el empinado descenso, entre matorrales o huinumo, a la orilla de alguna cañada brincando o sorteando enormes troncos.

Plantearon las autoridades locales lo del banco de germoplasma, para ellos mismos seleccionar y reproducir las semillas de estas cuatro especies nativas; que la zona sea declarada Área Voluntaria Para la Conservación, con proyecto de ecoturismo y senderismo. Ver la factibilidad si la mariposa Monarca pudiese reproducirse en esta zona de pinabetes y su impacto ambiental.

Finalmente llegamos a la falda del cerro, a terreno plano, con ampollas en los pies, algunos, sudorosos y cansados, y antes de que cayera la lluvia; los estruendosos rayos ya se escuchaban en lo alto de la montaña.